Giuliana López Herrera

Empezamos nuestro recorrido en el distrito de Acopia perteneciente a la provincia de Acomayo a 100 km de la ciudad del Cusco, zona altoandina entre los 3600 y 4600 msnm.

Para llegar a Acopia uno va por la ruta que une Cusco con Puno, luego de 97 kilómetros, a la izquierda, está el puente Chuquicahuana, se cruza el Vilcanota y por ese desvío empezamos a subir y luego de quince minutos impresionantemente se abre a la vista la grandiosa laguna de Pomacanchi.

Llegamos a Acopia, ahí fuimos recibidos por su alcalde y los lugareños que participarían de la expedición; tras la coordinación nos dirigimos al lugar donde pasaríamos la noche, el sector de Tambora, al borde de la laguna, frente al poblado, y junto a los chuñunapampas, terrenos con gran cantidad de papa menuda extendida en el suelo, que por efecto de las heladas y el sol se convierten en chuño.

Con las carpas instaladas, e intenso frío y viento, nos reunimos con los alcaldes de Acopia y Pomacanchi, sus pobladores, comuneros, y el equipo técnico conformado por un biólogo, un zoólogo, un botánico, una geóloga, una economista, dos comunicadoras sociales, dos miembros de la policía ecológica, dos camarógrafos, ocho representantes comunales de Acopia, dos guías y tres representantes comunales de Pomacanchi y cinco técnicos de apoyo, con quienes realizamos las coordinaciones que permitirían alcanzar los objetivos de la expedición.

El proposito era realizar un diagnóstico de las lagunas de Acopia, Pomacanchi, su entorno, identificar la diversidad ecológica y cultural existente; reconocer los valores faunísticos, florísticos, ambientales, paisajísticos, que sustenten la viabilidad de establecer un Área de Conservación bajo responsabilidad Municipal.

  
 

Después de la cena, vino el descanso, eran impresionantes el silencio como el cielo estrellado. Al día siguiente, muy temprano, a las 5 a.m. iniciamos el registro y observación de aves, con la entusiasta participación de los pobladores; era inusual atrapar aves, reconocer sus nombres científicos, registrarlos y volverlos a soltar, aves ordinarias para los lugareños pero muy importantes para la ciencia.

Mientras de las aguas de la laguna de Acopia se veía emerger una densa neblina a modo de vapor, cuando el sol recién mostraba sus primeros rayos. Los patos andinos y de puna sumergían sus cabezas una y otra vez, más luego los acompañarían los torocos y chocas. Ahí mostraron su enorme valor los vinoculares, que nos hizo avistar más especies.

En la etapa de captura con la ayuda de las redes de intersección quedó atrapado un semillero, José Ochoa, el zoólogo explicó el rol polinizador de esa ave, luego de evaluarla y algunas fotos se la dejó libre.

Los pobladores comentaban y daban alcances sobre las aves que llegan y permanecen en este lugar,en determinadas épocas del año, los patos canadienses, aves migratorias, que se caracterizan por recorrer grandes distancias para pasar temporadas en esta laguna y siguen su recorrido, eso nos hizo entender la importancia universal de las lagunas para las distintas formas de vida animal y vegetal

Nos despedimos de Acopia, rumbo noreste, pasando por sus estrechas calles, su plaza, colegio, una trocha a la izquierda nos condujo al ingreso de las Aguas de la laguna de Acopia a la laguna de Pomacanchi. El trabajo del día sería bordear la segunda laguna, hasta llegar al embarcadero de Conchacalla ya en el distrito de Pomacanchi.

Los expedicionarios con sus banderas flameantes , estrategia para ser reconocidos como

 
 Boletin Informativo N° 15
 
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